Me gusta la superficialidad
A veces, por qué no? me gusta jugar a ser superficial. A sacar mi gusto por los zapatos, por el color rosa rabioso y pretendidamente hortera, por la ropa, los trapitos, por el maquillaje y el rouge à lèvres. Mi adoración por los shorties, por las minis, la falda tubo o la evasèe, por los peep toes, las sandalias de cuña y los stilettos, por el perfume, por el gloss y perfiladores, por el brushing, los must, todas esas cosas prescindibles totalmente pero que forman parte de una parte estúpida y divertida de la vida.
De niña no conocí las barbies por ser objetos sexistas que unos padres hippies y progresistas jamás comprarían a sus hijas. Mi color favorito era el azul, solía llevar el pelo corto y me encantaban los animales y pasaba de los chicos. Aún recuerdo cuando en parvulitos toda la clase estaba loca por Íñigo, un niño guapísimo de ojos azules y rubito, PARVULITOS! estamos locos? lo que más gracia me hace es que esas cosas no cambian.
Sólo que no hace falta llevar el pelo a lo borrokilla para ser feminista, uso sujetadores preciosos sin pensar en el símbolo de opresión de los 60, no llevo macrobragazas para sentir mi culo en comunión con mi alma. Que lleve microminis no significa que quiera ser follada por cualquiera, que me gusten mis rizos castaños y quiera verlos largos no quiere decir que sea esclava de mi imagen o que haya dejado de leer libros. Sólo significa que todo en esta vida es susceptible de ser disfrutado, que cualquier cosa nos puede proporcionar placer. Que el resultar agradable sin ser esclava de la imagen es algo divertido, qué coño, no para ser aceptada, sino para gustarme aún más, por pura diversión.
Que escuche de vez en cuando a las sugarbabes no significa que no conozca más música, que no me pirre por el rock de los 60, que la burra de cojones de Janis Joplin no sea mi ídola. La cantante más masculina de la historia, la más bestia, la más visceral... la mejor. Que no me flipe Patti Smith, otra que tal baila. Que no me alucine Yussuf Islam, antes de su conversión espiritual Cat Stevens, con su Lady D'Arbanville.
Que me gusten mis pestañas con el rimmel de volumen de L'Oreal no significa que no sepa hacer soldaduras blandas.
El que quiera verme sin arrugas y coma sano cuando me pongo a ello no significa que no fume un cigarrito de vez en cuando, o que toneladas de nutella no formen parte de mi historial genético. Que sepa andar en tacones de 10 cm no significa que no prefiera andar descalza por las playas y las campas de todo el mundo, y el que berree a gritos Sheena is a punk rocker... no quiere decir que no considere que el silencio es la mejor arma para la meditación y la paz interior.
Que me encante la danza oriental no significa que nunca haya hecho karate o que no sepa dar una patada en los huevos, aunque sea con mis taconcitos y mis pequeños pies lacados de manicura francesa.
Las calientapollas más graciosas de Inglaterra. Canción del invierno pasado cuando estuvimos en Bath WahineKoa, Colibrí y yo.